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Desayuno a la cama

Nada como despertar y ver unos ojos preciosos y una sonrisa divina al lado tuyo, pero si además esos ojos envían una mirada cómplice que te alienta a repetir las mil y un locuras de la noche anterior, todo se vuelve intensamente grandioso. Y si a ello le sumas que esa mirada cómplice es porque ella sostiene en sus manos una bandeja con el desayuno listo para comer… pero no con cubiertos, sino con los dedos y la lengua, y no sobre un plato, sino sobre la piel caliente, entonces sucede algo así…


Ella le pide a su chico que se siente, él lo hace apoyando su espalda en la cabecera de la cama, la chica deja la bandeja a un costado y se coloca entre las piernas abiertas de su hombre, trayendo en sus dedos unas gotas de miel que sostiene delicadamente, y así, acercándose hasta la entrepierna de él, unta una línea de miel desde su ombligo hasta su pubis… y lo lame sin ninguna prisa. Vuelve al recipiente sin antes dejarle una mirada tentadora a los ojos de su ya extasiado hombre, esta vez toma un poco más de miel, y se la comienza a dibujar de nuevo sobre el cuerpo, pero esta vez la línea comienza en el pubis, y se remarca cuidadosamente por el contorno de sus huevos hasta dejar la última gota debajo de esos testículos duros. Ella mete su rostro debajo y saca su lengua para comenzar su sensual trazado, la lengua húmeda en el pubis de él, resbala despacio y al llegar a la base de su tronco, se desvía por un costado y lame todo el contorno de sus bolas, su lengua sabe jugar, sabe enloquecer, y lo confirma porque antes de llegar a la mitad de su recorrido, el miembro de su hombre se endurece y queda totalmente erecto a dos centímetros de su rostro, ella se tienta, le ve tan duro, tan caliente, justo como ella se siente ahora, ya se tienta por meterse ese pene a la boca y enloquecerlo como lo ha hecho cientos de veces, pero no lo hace y decide alargar el momento, ella sigue con su lengua hacia abajo, pero su tentación no le impidió tomar con su mano ese duro miembro y masturbarlo a un ritmo suave pero que no se detiene un solo segundo.

La lengua de ella casi llegando a la base de los huevos de él, la sensación de cercanía que percibe entre esa lengua y su ano, y la mano que aprieta fuerte y se desliza desde la punta hasta apretar duro todo el tronco, lo descontrolan, lo hacen desear más, si por el fuera, la levantaría en sus brazos y la penetraría hasta el fondo hasta arrancarle un orgasmo brutal, como los que ellos se saben dar, pero así como han jugado mil veces y él la ha enloquecido a ella, ahora le toca a él aguantar y dejarla seguir el juego que comenzó. Aun así, su tentación es superior a él, y estirando sus largos brazos comienza a acariciar a su chica, una mano en la perfecta espalda, y su otra mano por debajo, para acariciar esos senos firmes, de piel enloquecedoramente suave y con un pezón al que a él le fascina tocar y sobar hasta ponerlo exquisitamente duro.

Ella siente esas dos manos sobre su cuerpo, y se deja hacer mientras sigue lamiendo debajo de esos huevos que se hinchan y se sienten cargados hasta el límite, pero las caricias no le pasan desapercibidas, se excita, por momentos desearía sentarse ya en ese pene y darse una movida brutal hasta hacerlo acabar y acabar ella mirando el orgasmo en los ojos de su chico. Esta vez le cuesta demasiado detenerse, pero quiere más y ya no ira suave, por eso estira su mano y toma crema batida de la bandeja, con ella vuelve a dibujar una línea, recta, larga y que termina en la punta de ese miembro duro, en esa cabeza que parece explotar de tanta calentura que le ha provocado.

Se levanta sobre la cama, se pone de pie frente a él y abre sus piernas mostrándole su entrepierna, mete su mano ahí, y deja los restos de la crema batida en los labios de su vagina que se abre para mostrársela directamente, pero no es para que él le de sexo oral, no, solo quiere excitarlo más, quiere parar aún más esa erección y hacerla reventar a su voluntad. Justo cuando él estira sus manos para tocarla, ella se lo niega, y en su lugar baja hasta meter la cara entre los huevos de su hombre, los lame, los acaricia con la lengua y sube hasta la base, ahí donde dejo la línea de crema que seguirá sin que ni él ni nadie se lo impida. Su lengua se posa sobre la base de ese pene, su mirada se clava en la del chico, y sin cerrar los ojos empieza a caminar su lengua sobre esa caliente erección, centímetro a centímetro lo mira, lo acaricia con la lengua y lo acaricia con sus mirada, lo vuelve loco, lo enloquece, pero nada como terminar con esa tortura, y verla llegar a la punta, a esa cabeza que ya está palpitando… y ver como se la mete entre los labios. 

¡¡Uffff!!

Esa mujer sabe lo que hace, sabe justo como enloquecerlo, y se lo hace saber en cada lamida que le pega con fuerza a ese pedazo de carne que devora una y otra vez, sin parar, sin suavizar su ritmo, al contrario, solo aumenta la velocidad, aumenta la calentura con que cada lametazo cae pesadamente sobre el miembro de su hombre, los rastros de la crema se han ido casi por completo, desaparecen con cada subida que da, con cada bajada que da hasta quedar con sus labios en los huevos de él, y desaparece totalmente cuando ella lo saca de su boca y lleva sus labios hasta la punta, hasta casi soltarlo, pero no, no lo soltará, no hasta hacerle acabar en un orgasmo pleno y mirarle a los ojos mientras lo hace.

Sus chupadas ya han perdido control, ahora solo sube y baja, metiendo ese sexo de punta a punta en su boca y apretando sus labios sobre él, aprisionándole y obligándolo a rendirse ante ella, él ya no puede más, y finalmente se rinde, y lo demuestra soltando las tetas de ella, y poniéndolas a los costados de su cabeza, apretando el movimiento e impidiéndole que salga para que su orgasmo no termine sobre la cama.




Continuará…